Hoy hemos asistido a un hecho histórico. Un hecho que nuestros hijos estudiarán en los libros de historia y sobre el cual nosotros podremos decir “yo lo viví, lo seguí en directo, vibré con los millones de personas que vibraban a la vez y soñé con que un cambio era posible”. Hoy hemos asistido a la toma de posesión de Barack Obama como presidente del gobierno de Estados Unidos: el primer presidente negro.
¿Dirigente del mundo? No tanto, pero casi. Nos guste o no, las decisiones de Estados Unidos afectan al resto del mundo más que las de cualquier otro país así que, aunque no votamos, todos tenemos un favorito para la presidencia del gigante norteamericano. Todos tenemos expectativas puestas en uno o en otro.
Yo no quiero echar todavía “las campanas al vuelo”. No sé cómo lo va a hacer Obama. Lo que promete es poco menos que el ideal del mundo que espero. Valores comprometidos, solidaridad, igualdad, sostenibilidad (tanto económica, social y ecológica), educación y sanidad para todos, incluso la retirada de las tropas de Irak… Obama representa un cambio que el mundo está pidiendo a gritos, quizás recuperar los valores perdidos que nos han hecho caer en una crisis global (y no sólo económica). No sé si el nuevo presidente cambiará las cosas, si cumplirá sus promesas, pero sí sé otra cosa: el hecho de que él esté ahí supone un movimiento social, una iniciativa de cambio, unas expectativas de mejorar, un aliento común retenido con la esperanza de que las cosas salgan como esperamos. El mundo pide un cambio. Ése es el verdadero hecho histórico que se está forjando.
Escrito en General